
“Toqué fondo cuando me di cuenta que estaba embarazada y que ya lo había perdido todo por la droga»
“Yo decía que no, que no iba a entrar nunca a un centro de rehabilitación, que lo mío no era tan grave, que podía dejar la coca cuando quisiera. Pero cuando me vi embarazada, sola, consumiendo todos los días, entendí que no había otra salida. Y no lo dudé: dije que sí”.
Quien habla es Nicole Cortés. Tiene 34 años, cuatro hijos y desde hace ocho meses, después del nacimiento de Lionel, tomó la decisión más valiente: después de 9 años de consumo diario de cocaína, marihuana y alcohol, pidió ayuda, se trasladó de Huechuraba a Rancagua y hoy se rehabilita junto a su hijo menor, en el programa «Naciste Tú» de Corporación La Esperanza, cuya finalidad es atender desde sus primeros días a recién nacidos expuestos a la droga en su etapa gestacional, para disminuir en él el daño producido y favorecer el desarrollo de sus potencialidades, conjuntamente con la rehabilitación de la madre y la construcción de un vínculo madre hijo, afectivo y responsable.
Hoy, Nicole está centrada en retomar su vida, la que, según nos cuenta, se detuvo hace una década, cuando probó cocaína por primera vez, llevándola de inmediato a un precipicio sin fondo, de profundo vacío y dolor: violencia, pérdida de la tuición de sus tres hijos mayores, calle, hambre, consumo en el embarazo, microtráfico y soledad.
Quiso compartir su historia y testimonio para inspirar a otras mujeres que estén pasando por algo similar y para decirles que PIDAN AYUDA, que nunca es demasiado tarde, que existen lugares que las van a acoger, como La Esperanza, y que sí se puede salir del infierno para volver a renacer.
Nicole, ¿cómo recuerdas tu infancia?
Tuve una infancia linda. Fui una niña revoltosa, pero juguetona, de esas que vivían en la calle jugando con los vecinos. No había tanta violencia, ni droga, ni peligro como ahora. Crecí en una familia grande, bien constituida, con mis papás —que siguen juntos— y mis cuatro hermanos menores, que hoy son todos profesionales. Siempre tuve una buena red de apoyo.
¿Y en qué momento empieza a cambiar tu vida?
Cuando estaba en 8° básico, se dio la oportunidad de irme a vivir a Coquimbo con unos tíos y una prima de mi misma edad. El ambiente aquí en Santiago ya se estaba poniendo más o menos y como yo ya tenía 14 años, quería salir con mis amigas y todo el cuento, entonces mis papás prefirieron mandarme a estudiar a Coquimbo, porque todo era más calmado allá. La idea era quedarme un año, pero terminé quedándome 10. Estudié hasta tercero medio, me enamoré, tuve a mi primer hijo a los 20 y cuando se terminó mi relación, volví a Santiago para trabajar y fue aquí donde inició mi consumo. Tenía 25 años.
¿Qué te llevó a probar la droga?
Yo no tuve contacto con drogas en mi adolescencia ni juventud temprana, pero cuando llegué a Santiago, conocí al papá de mis hijas y me fui a vivir con él y su familia y fue en ese entorno donde me ofrecieron cocaína. Nunca había tenido problemas con ninguna sustancia, ni siquiera con el alcohol. Pero bastó una vez para que me gustara y me hiciera dependiente. Consumía todos los días. Al principio solo de noche: alcohol, cocaína y, para bajar, marihuana y con el tiempo, terminé consumiendo prácticamente el día entero.
¿Qué consecuencias tuvo el consumo en tu vida?
Muchas. Yo trabajaba cuidando niños, pero empecé a fallar porque no estaba funcionando al cien, así que me quedé sin pega. Tuve muchas peleas con mi pareja, me alejé de mi familia y lo más duro: perdí el cuidado de mis hijas, quienes hasta el día de hoy están con sus abuelos paternos. Terminé con mi pareja, viví un tiempo con mis papás y luego me fui a la calle. Me la pasaba robando, consumiendo, sin comer, sin dormir. Completamente demacrada.
¿Viviste situaciones de riesgo?
Sí, muchas. El simple hecho de vivir en la calle y ser parte de ese ambiente es un riesgo. Vivía con miedo a la noche, a la lluvia, a que me metieran presa, porque me puse a traficar. Empecé yendo a comprar y terminé envuelta en ese mundo. Vendía para poder consumir. Un día hicieron una redada, con cuchillo y pistola. No me pasó nada, pero me di cuenta del peligro en el que estaba y toqué fondo cuando me di cuenta de que estaba embarazada de mi cuarto hijo y seguía consumiendo sin parar, a pesar de ya haberlo perdido todo: mi casa, mis hijos mayores, mi red de apoyo, mi identidad y mi salud.
¿Cuándo y por qué decides pedir ayuda?
Fue en medio de todo ese caos. Mi guagua estaba por nacer y yo seguía consumiendo todo el día. Nunca fui a controles médicos, nunca me cuidé y cuando fui a parir al hospital, no llevaba ni carnet, y al verme en ese estado, aplicaron el protocolo de riesgo y me di cuenta que podían quitarme a mi hijo. Ahí fue cuando apareció la luz: me hablaron de Corporación La Esperanza y del programa Naciste Tú y aunque no sabía ni dónde quedaba el centro, dije que sí de inmediato.
Un nuevo comienzo desde cero
Nicole nos cuenta que en un principio entró sola al centro para desintoxicarse por un mes y que luego llegó Lionel. Dice que este periodo fue clave porque la hizo entender que esto no era solo por amor a su hijo, sino por amor propio y que para poder ejercer su maternidad de buena manera, primero era indispensable sanarse como mujer y como persona.
¿Cómo fue ese primer mes sola?
Fue duro. La abstinencia, el encierro, la ansiedad. Lloré mucho. Pero me mantuve firme porque por dentro sabía que era mi oportunidad. Empecé a ver el tratamiento con otros ojos: como una posibilidad de vida. De reconstruirme. De volver a ser la Nicole que era: independiente, empoderada, con sueños, sin necesidad de ninguna sustancia para estar bien.
Después, cuando llegó Lionel al centro, al principio tuve miedo, porque quería hacer las cosas bien. Recuerdo su periodo de abstinencia. Él lloraba mucho, estaba muy inquieto, lloraba exageradamente y costaba mucho calmarlo. Pero por suerte fue un periodo corto. Nos adaptamos rápido y la verdad es que mi hijo y yo estamos felices de estar en este lugar. Hablo por él porque la sala de estimulación lo ha hecho avanzar mucho en su proceso y gracias a Dios es un niño sano hasta el momento.
¿Qué es lo que más destacas de La Esperanza?
La Esperanza me ha ayudado a darme cuenta que yo soy importante, que yo soy para mucho más. Tengo sueños, tengo proyectos. Me han ayudado a crecer como persona, a darme cuenta cuando estoy bien, cuando necesito hablar, comunicar, cuando estoy bajoneada o de mal ánimo. La verdad es que he tenido apoyo al 100% por parte del centro.
¿Qué has ido aprendiendo en las terapias?
He aprendido a entregar lo mejor de mí, a desarrollar mis capacidades, a ser mejor persona, a que pedir ayuda no es una debilidad, a reconocer mis emociones y mis necesidades. He aprendido a tener una rutina sana, a ser una mejor mamá, a construir y cuidar el vínculo con mi hijo, a ser responsable. Los cambios más evidentes son conductuales y el mayor aprendizaje ha sido recuperar mi autoestima, porque la falta de amor propio fue justamente lo que me llevó a consumir y a depender de la droga.
¿Y cuáles son tus planes una vez que termines tu tratamiento?
Hoy por hoy estoy en la mitad del proceso. Llevo ocho meses limpia. Me estoy reconstruyendo desde lo más profundo y me siento contenta porque he avanzado sin problema. Me queda un año de tratamiento residencial y después viene un proceso de seguimiento de una vez por semana. Antes de salir, quiero terminar mi cuarto medio y luego pretendo estudiar un curso de cajero bancario. Quiero trabajar para poder independizarme de mis papás y para poder formar mi propio espacio. Mi propio hogar, con mis cuatro hijos. Ese es mi foco hoy.
El programa Naciste Tú es un proyecto piloto que tiene como finalidad atender desde sus primeros días al niño o niña que ha sido expuesto a la droga en su etapa gestacional, para disminuir en él el daño producido y favorecer el desarrollo de sus potencialidades, así como evitar que vaya a un centro SENAME o crezca bajo el alero de padres consumidores.
El tratamiento es residencial, conjuntamente con la rehabilitación de la madre y la construcción de un vínculo madre hijo, afectivo y responsable.
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