
OPINIÓN: Con una buena intervención para tratar su consumo de drogas, David Merino seguiría vivo
A partir de la denuncia pública que emitió el papá de David Merino, adolescente infractor de ley, con consumo severo de drogas, que se suicidó en abril pasado en Pucón, habiendo recibido un tratamiento muy básico indicado por los tribunales, que constaba de una sesión cada uno o dos meses; levantamos nuestra preocupación y solicitamos reunión por lobby con el Servicio Nacional de Reinserción Social Adolescente para ver cómo están enfrentando el consumo de sustancias en la población penal adolescente y para saber qué tan capacitados están los jueces, fiscales, defensores públicos y ejecutores del servicio, para definir lo que estos menores necesitan en materia de intervención.
María Luisa Montenegro, asesora de gabinete del Servicio, nos explicó que entre las múltiples diferencias que tiene el nuevo sistema con el antiguo Sename, el modelo de intervención funciona distinto. Ahora sí se contempla el historial del adolescente y se trabaja desde siete áreas de intervención especializada e integral. Una de ellas, referida a salud mental, integra el consumo de drogas, el que es tratado a través de un plan de mediación individual que se reevalúa de forma constante, justamente para constatar si el programa al que fue derivado, está siendo efectivo o no.
En cuanto a la capacitación de los jueces en tratamiento de jóvenes, señala que el sistema hoy apuesta a que todos los actores de justicia penal tengan una capacitación permanente y las herramientas para aportar a la reinserción de cada adolescente de forma individual (antes era grupal), detectando los riesgos en cada aspecto de su contexto: educación, personalidad, vínculos familiares, grupo de pares, salud física y mental, etc, para así generar un plan de intervención efectivo y personalizado.
Si bien se entiende que la implementación del nuevo servicio se efectúa por etapas y que aún quedan territorios por cubrir, consideramos que la revisión y actualización de los casos previos, provenientes del Sename, deben tener la misma urgencia y prioridad que los del nuevo servicio. Es profundamente lamentable e inaceptable que por negligencias y/o carencias de un sistema que promete proteger la vida de un menor de edad y otorgarle las herramientas para su bienestar y reinserción social, un adolescente que colaboró desde el día uno con el cumplimiento de su pena y que participó y seguía participando activamente del tratamiento al que fue derivado por su consumo, decida terminar su vida por no ver salida a su problema.
Ahora, estamos en plena etapa de implementación de este nuevo servicio y de capacitación de los actores relevantes que lo integran, por lo que nos preocupa de sobremanera que quienes tratan los casos de adolescentes infractores de ley adquieran las herramientas adecuadas, que entiendan la complejidad que significa el tema de drogas en el contexto delictual de adolescentes, que puedan estimular a los jóvenes a recibir rehabilitación y que comprendan lo fundamental que es brindarles un tratamiento intensivo, prolongado y periódico (no sirve que se de una vez al mes), el que, además de beneficiar su reinserción y de evitar la reincidencia del delito, se haga cargo de la salud mental y del motivo de su consumo para evitar que ocurran tragedias tan lamentables (y evitables) como la muerte de David.
Ana Luisa Joaunne
Directora Corporación La Esperanza