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El rol de una madre en la lucha contra la adicción de su hijo

El rol de una madre en la lucha contra la adicción de su hijo

En la comuna de San Joaquín, Leonor Paz Madiña, de 65 años, enfrenta uno de los desafíos más complejos de su vida: apoyar a su hijo-nieto Elías Yau Yau, de 31 años, en su proceso de rehabilitación por consumo problemático de drogas. Este camino no solo ha puesto a prueba la fortaleza de su familia, sino también les ha brindado una nueva comprensión sobre las adicciones y su impacto.

Un comienzo difícil

Elías empezó a consumir drogas a los 15 años, iniciándose con alcohol y marihuana en contexto recreativo con sus amigos, pero, unos años más tarde, la muerte de su abuelo marcó un punto de inflexión: «Se sentía culpable de no haber estado con él cuando falleció. Mi marido para él fue el papá que nunca tuvo”, relata Leonor, agregando que su fallecimiento lo llevó a cambiar la marihuana por cocaína, intensificando el consumo y sus consecuencias.

Leonor cuenta que, desde temprana edad, Elías mostró varios signos de conflicto interno debido a sus carencias y traumas. Otro hecho que marcó profundamente su vida fue el abandono de su madre cuando él tenía 4 años, razón por la que creció con Leonor, quien asumió el rol de madre y abuela. Ella señala que durante su infancia, Elías mostró conductas agresivas y fuertes sentimientos de culpa, porque  creía que su madre se había ido por algo que él había hecho. Por esta razón también fue estigmatizado y peleaba constantemente en el colegio porque lo molestaban por ser “huacho”. 

Leonor decidió llevarlo al psicólogo y al neurólogo, quienes lo diagnosticaron con depresión y déficit atencional con hiperactividad, iniciando así un tratamiento farmacológico intenso.

El colapso y la decisión de cambiar

En septiembre de 2024, Elías tocó fondo. Leonor lo encaró porque hacía un tiempo que se le venía desapareciendo plata de la nada y, ya cansada de dejarlo pasar, decidió enfrentarlo, pero su respuesta fue dejar todo, abandonar su trabajo y viajar al norte, sin contarle a nadie.

Leonor, asustada por no poder contactarse con él, le pidió ayuda a su hija, quien, luego de varios intentos, logró comunicarse con Elías. Él le admitió que hace un buen tiempo que estaba consumiendo cocaína y que ya se le había ido de las manos. Le dijo que se había ido a Coquimbo porque no soportaba el hecho de estar dañando a la familia, por lo que prefería perderse lejos para dejar de ser un estorbo. 

Después de largas conversaciones por teléfono, lograron convencerlo de volver a Santiago, prometiéndole apoyo incondicional, además de buscar ayuda inmediata para tratar su adicción. «Fue un momento muy duro», confiesa Leonor. «Yo detestaba a los drogadictos, pero aprendí que es una enfermedad.»

Con el apoyo de su familia, Elías ingresó al programa ambulatorio del centro San Joaquín de la Corporación Esperanza, especializada en el tratamiento y rehabilitación de personas con consumo severo de drogas, donde “sin juicio alguno, lo recibieron de brazos abiertos y nosotros como familia nos comprometimos a apoyarlo en cada sesión y a aseguramos de que nunca esté solo», según explica Leonor, agregando que se le permitió el tratamiento ambulatorio y no residencial porque ella estaría a su lado 24/7.

El impacto del tratamiento

Leonor cuenta que el proceso de rehabilitación en la Corporación Esperanza no solo ha beneficiado a Elías, sino también a la familia. «Ha sido un proceso de reeducación». Las terapias no solo lo han ayudado a superar la abstinencia, sino que también le han enseñado a gestionar sus emociones, a reflexionar antes de actuar y a reconocer el valor de su familia.

Leonor destaca el profesionalismo de los terapeutas del centro, la amabilidad con que lo tratan, la cantidad y calidad de los talleres que imparten, el compañerismo que genera la terapia grupal y la interacción con las otras familias que están pasando por lo mismo. “Con el tiempo nos transformamos todos en una gran familia. Es muy sanador compartir las historias, porque una se siente comprendida, acogida y menos sola”. 

Además, destaca la importancia del apoyo constante por parte de las familias: «Como apoderada, mi rol es fundamental. Estoy presente en sus terapias y le doy la compañía y el apoyo emocional que necesita para mantenerse firme y constante, lejos de todo riesgo.»

Un futuro con esperanza

Elías, una vez que termine su tratamiento, quiere retomar su vida con nuevos objetivos. «Está considerando tomar un curso de capacitación en INFOCAP para trabajar en bodega o cafetería», comenta Leonor con entusiasmo, destacando que este pequeño pero significativo paso, refleja su voluntad de cambiar.

Leonor admite que, a pesar de su buen pronóstico, el temor a una recaída siempre persiste. «Mi mayor miedo es que si un día falto, él vuelva a consumir y ya no tenga quien lo cuide con la misma dedicación que yo le he dado». Por esto, su principal meta es dotar a Elías de herramientas para enfrentar las adversidades de la vida, sin que sienta la necesidad de recurrir a las drogas.

También confiesa que este proceso le ha cambiado la perspectiva: «Antes juzgaba a las personas con adicciones, pero ahora entiendo que es una enfermedad y que no todos tienen la fuerza para enfrentarla solos. Por esto es tan importante la presencia familiar o comunitaria, porque una buena red de apoyo es clave en la lucha contra las adicciones”.

Como consejo a las familias que están pasando por una situación similar con algún ser querido, Leonor enfatiza en que “la presencia es lo más importante. Escucharlos sin juicio, darles cariño, acompañarlos y comprender que ellos no eligen ser adictos, sino que es una enfermedad, son las mejores acciones que uno puede hacer como mamá y cuidadora para que la adhesión al tratamiento sea positiva”. 

Finalmente y reflexionando sobre su historia, Leonor considera que para prevenir que los hijos caigan en malas conductas y malos hábitos como el consumo de drogas, lo más importante es tener padres o familiares presentes que les generen confianza, que conversen siempre con ellos, que se interesen por sus vidas y por sus amistades, que refuercen sus cualidades y habilidades y que establezcan normas y límites claros, para que ellos sepan que sus acciones y malas decisiones, siempre traen consecuencias. Pero que por lejos lo más importante es hacerles ver que “todo tiene solución, que compartir los problemas y las preocupaciones, libera y que pase lo que pase, siempre podrán contar con el apoyo de las personas que los quieren de verdad”.

 

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