
El Papa León XIV se dirigió a quienes están luchando contra las drogas
Desde el Vaticano, el Papa León XIV envió un acogedor mensaje a todas las personas que hoy están luchando contra la adicción y a quienes han logrado dejar el consumo, reconociendo la enorme victoria y valentía que implica liberarse de la prisión de las drogas.
En su mensaje hizo un sentido llamado a la sociedad a empatizar y acoger a quienes están sufriendo, a dejar de marginar y criminalizar a las víctimas y a unirnos todos contra el único enemigo de esta cadena de las drogas: “el narcotráfico que lucra con la desesperación”.
En este mes de la prevención, queremos compartirles su mensaje, ya que, independiente del credo de cada uno, siempre es bueno saber que hay personas nobles que entienden y abrazan el dolor y el desamparo y que hacen suya la batalla de devolver la libertad a quienes se la han quitado. Porque esa es también la batalla que La Esperanza está dando desde hace 30 años.
Les dejamos aquí los principales mensajes que envió el Papa León XIV en el marco de la Jornada Internacional de Lucha contra la Droga, la semana pasada.
“Con demasiada frecuencia, en nombre de la seguridad, se ha librado y se libra una guerra contra los pobres, llenando las cárceles con aquellos que son solo el último eslabón de una cadena de muerte. Aquellos que tienen la cadena en sus manos, por otro lado, logran tener influencia e impunidad. Nuestras ciudades no deben liberarse de los marginados, sino de la marginación; no deben limpiarse de los desesperados, sino de la desesperación”.
“Hoy estamos comprometidos en una lucha que no se puede abandonar mientras, a nuestro alrededor, alguien siga preso en las diversas formas de adicción. Las drogas y las adicciones son una prisión invisible, pero todos estamos llamados a la libertad”.
“Ustedes también son piedras de gran valor en la construcción de una nueva humanidad. Jesús, quien fue rechazado, los invita a todos, y si se sentían rechazados y acabados, ya no lo están. Sus errores, su sufrimiento, pero sobre todo el deseo de vida que traen, los convierten en testigos de que el cambio es posible”.
“La Iglesia los necesita. La humanidad los necesita. La educación y la política los necesitan. Juntos, por encima de toda dependencia degradante, haremos prevalecer la infinita dignidad que llevamos impresa en cada uno de nosotros”.