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El Mercurio: factores protectores para alejar a NNA de las drogas

El Mercurio: factores protectores para alejar a NNA de las drogas

Nuestra Jefa del Área de Prevención, Marcela Rodríguez Prat, conversó con El Mercurio sobre la importancia de construir y potenciar factores protectores para la prevención del consumo de alcohol y otras drogas en escolares.

«Escuchamos mucho que sienten una falta de motivación por la vida y que consumen para evadir. Se refugian en esa burbuja de placer inmediato que les «borra» los problemas», señala Rodríguez, agregando que la prevención debe ser constante, no una campaña aislada.

La nota completa, aquí:

Uno de cada 5 alumnos de 8° básico a 4° medio reconoce beber o fumar marihuana, según cifras de Senda:

Fomentar intereses personales y sentido de pertenencia aleja a los escolares de las drogas y el alcohol
Especialistas proponen que los colegios y las familias desarrollen iniciativas preventivas, como el deporte o la música, así como educar con el ejemplo.

El 15° Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar, de Senda, muestra que uno de cada cinco estudiantes entre 8° básico y 4° medio reconoce beber alcohol o fumar marihuana. Además, las mujeres superan a los hombres en el consumo.

Un hábito que, si bien ha disminuido en las últimas dos décadas, sigue siendo una preocupación, ya que la exposición temprana a estas sustancias puede dejar huellas profundas.

“Cuando los adolescentes se exponen a ellas, su cerebro se va moldeando como un ‘cerebro adicto’. Eso provoca que, después, las adicciones sean mucho más difíciles de combatir”, explica Victoria Saver, académica de Psicología de la Universidad Finis Terrae.

Sobre qué es lo que favorece que un joven menor de edad quiera consumir alcohol o drogas, además del ‘efecto par’ (es decir, que los adolescentes se imiten en sus conductas), expertos en prevención del consumo advierten que la falta de propósito y el aburrimiento son dos argumentos que cada vez escuchan con más frecuencia.

“El consumo ocurre cuando el adolescente no tiene algo que ame demasiado. Si no hay actividades que le den propósito, ese vacío puede llenarse con sustancias”, dice Saver. “Desafortunadamente, también escuchamos mucho que sienten una falta de motivación por la vida y que consumen para evadir. Se refugian en esa burbuja de placer inmediato que les ‘borra’ los problemas”, agrega Marcela Rodríguez, jefa del Área de Prevención de la Corporación La Esperanza.

Ante este panorama, los especialistas subrayan la importancia de que los colegios fomenten la identidad, la pertenencia y el propósito desde la infancia. “Los colegios con sellos identitarios fuertes ayudan a que los jóvenes encuentren motivaciones opuestas al consumo”, destaca Saver. Como ejemplo, menciona el modelo islandés: “En Islandia, los adolescentes consumían por aburrimiento, pero al contar con más actividades extraprogramáticas encontraron un sentido”.

Rodríguez añade que la prevención debe ser constante, no una actividad aislada. “Un profesor de matemáticas, por ejemplo, puede usar datos de Senda para enseñar porcentajes, integrando el tema del consumo de manera natural”.

Pero todo esto, puntualizan, debe ir de la mano con el rol activo de las familias. Y más que prohibir, recomiendan fomentar intereses significativos. “Un niño que ama el deporte, la música o el voluntariado tiene menos probabilidades de caer en el consumo, porque esas actividades son incompatibles con la borrachera o las drogas”, dice Saver.

En esa línea, Sebastián Errázuriz, de la Red Preventiva, considera que “falta más formación en habilidades parentales y también para los centros de alumnos, de manera que la prevención no sea solo una responsabilidad de los adultos”.

Lo otro importante es modelar con el ejemplo. “Si en casa el consumo de alcohol o drogas está normalizado, los niños lo verán como algo aceptable. La conciencia se construye con coherencia”, dice Rodríguez.

Otra adicción

Otra adicción presente en los escolares, pero que según la académica de la U. Finis Terrae no está visibilizada, son las pantallas. “Hoy, muchos adolescentes son adictos sin sustancia. Están enganchados a videojuegos, redes sociales o pornografía, y su cerebro funciona igual que el de un adicto a las drogas”, advierte. Y suma:

“Cuando pasan horas en pantallas buscando dopamina (el neurotransmisor del placer), su cerebro se moldea para depender de estímulos inmediatos. Luego, si prueban alcohol o marihuana, el riesgo de adicción es mayor”.

Rodríguez coincide: “Vemos jóvenes que no salen, no socializan. Los hombres, especialmente, se encierran a jugar online. Eso se explica en parte por su consumo de drogas bajo, pero no es una solución sana”.

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