
Camila: “La justicia no me quitó a mi hijo gracias a la oportunidad de rehabilitación conjunta que nos dio La Esperanza”
Camila Arriaza tiene 29 años, es de Santa Cruz y, después de 15 años de consumo severo de pasta base, decidió pedir ayuda y una oportunidad de rehabilitación para evitar que los Tribunales de Justicia le quitaran a su quinto hijo, Elio, quien acababa de nacer.
Así fue como, hace siete meses y gracias a la recomendación de una amiga que había pasado por lo mismo, ingresó al programa “Naciste Tú” del Centro Santa María de La Esperanza en Rancagua, junto a su hijo de apenas 10 días de vida.
En esta entrevista, Camila quiso compartir su valiente testimonio para inspirar e impulsar a otras madres que están sufriendo de adicción a que pidan ayuda, porque en espacios como La Esperanza, sí es posible dejar las drogas y recomponer sus vidas para construir un mejor futuro, junto a sus hijos.
¿Cómo llegaste a la droga y al consumo problemático?
Me inicié en las drogas con el alcohol, la marihuana y la pasta base a los 12 años por problemas intrafamiliares, por discusiones y agresión entre mis papás. Yo salía a la calle para evitar la violencia y, lamentablemente, en la calle siempre vas a encontrar drogas.
Entonces, me refugié en el consumo para no sentir tristeza, pena ni abandono y así me mantuve en la adicción por 15 años, consumiendo también con mis parejas, papás de mis otros cuatro hijos, todos nacidos en contexto de consumo, por lo que hoy ninguno está conmigo.
¿Hoy tienes relación con tus otros hijos?
Antes de Elio, fui mamá a los 14, 15, 18 y 24 años y gracias a Dios, ellos nunca se fueron a un hogar ni al Sename, pero los cuidados de los dos mayores los tiene mi mamá y de los dos menores, mis tías maternas, por lo que sí tengo contacto con ellos.
¿Qué cosas perdiste estando en consumo?
Lo primero que se pierde es la dignidad, las ganas de seguir, de avanzar. El consumo te estanca, te mantiene en una burbuja encerrada, sin saber qué hacer ni dónde ir, ni a quién acudir.
Yo toqué fondo siendo muy niña. Después de iniciar el consumo, tuve un periodo de seis años depresión que me llevó a intentar quitarme la vida y desaparecer de este mundo, varias veces, a pesar de tener hijos, porque todos me los quitaban por mi consumo y eso me provocaba más ganas de no seguir viviendo.
Luego estuve privada de libertad entre los 20 y 24 años, periodo en el que no consumí drogas y luego al salir de la cárcel, tuve un buen trabajo, tuve el apoyo de mi mamá, pero llegó el día en que empecé a tener problemas en la casa, no por el consumo, y ahí volví a dar a la calle y a la soledad y eso me llevó a recaer por cinco años más.
¿Qué fue lo que te motivó a ingresar al programa “Naciste Tú” y a iniciar este proceso de rehabilitación junto a tu hijo?
Los Tribunales de Justicia me querían quitar la custodia de mi hijo Elio, apenas naciera, porque yo ya tenía antecedentes previos de descuido por consumo de drogas, con mis otros cuatro hijos mayores.
Entonces el hecho de querer cumplir el rol de mamá y de permanecer junto a mi bebé, fue algo que me motivó mucho a querer llegar a La Esperanza a rehabilitarme. Se lo propuse a la jueza y ella decidió darme la oportunidad y así llegamos al centro cuando Elio tenía 10 días de vida.
Me motivó el cambio, el querer salir de todo lo que me estaba llevando a la muerte. A perderlo todo porque estando en consumo ya perdemos todo. Y ya lo que nos queda son dos caminos: la muerte o la cárcel.
¿Cuánto tiempo llevas en la Corporación La Esperanza y cómo sientes que ha sido tu evolución durante este período?
Llevo siete meses aquí y el tratamiento residencial se supone que es de un año, pero mediante el buen comportamiento y el buen desarrollo durante el proceso, la estadía puede ser un poco menor. Depende de cada una.
El cambio es notable, sobre todo, en base a la responsabilidad que uno empieza a tomarle a la vida. Acá he podido retomar relación con mi mamá. Hoy tengo una muy buena relación con ella, porque ha visto mi progreso y ha notado las ganas que tengo de salir adelante y de estar con mi hijo. Ve que estoy haciendo las cosas bien, está orgullosa de mi y eso también me ha acercado a mis otros hijos.
¿Cómo has vivido este proceso de rehabilitación emocional y personal?
Me han entregado muchas herramientas, como el querer seguir adelante y la fortaleza que uno mismo se tiene que dar en realidad. Acá, en los talleres nos enseñan mucho eso, lo que es el valor propio, el amor propio, el que no se pierda la motivación, el hacer cosas constantes, el formar hábitos en tu vida y el tener conciencia de que la adicción es una enfermedad de por vida.
Y son cosas que uno va incluyendo y ya se hacen parte de la vida cotidiana, del día a día, levantarse, hacer esto, hacer todo. Y más con un hijo. Hoy estoy aprovechando al 1.000 la oportunidad de poder criar a uno de mis hijos y estar aquí me hace darme cuenta de que soy capaz de muchas cosas. No solamente de tomar la decisión de querer cambiar mi vida, sino que acá he aprendido a volver a tomar el rol de madre, de volver a tomar el rol de hija, el querer volver a ser hermana, el querer ser buena pareja y buena mamá de Elio.
Y en lo emocional, yo creo que hay muchas cosas que a lo mejor a través del tiempo van a ir sanando, porque no basta con un año para sanar todo lo que uno sufrió en consumo, pero de a poco, uno va adquiriendo las herramientas para ir aprendiendo a valorarse cada vez más como mujer y como mamá.
¿Qué valores quieres entregarle a Elio como mamá?
Que el día de mañana cuando me diga «no puedo», que lo siga intentando. Que sienta el apoyo para realizar las cosas que le den motivación a la vida, porque muchas veces uno no tuvo eso. Por lo menos yo nunca tuve ese apoyo, entonces yo quiero incentivarle que en la vida todo se puede.
No quiero que el viva lo que viví yo, como por ejemplo, presenciar el maltrato constante entre mis padres. Entonces, yo tengo que lograr construir bases sólidas en mi relación con su papá, para que Elio no viva lo mismo que yo. Y en eso estoy trabajando con mi pareja, porque igual antes peleábamos mucho, nos faltábamos el respeto, nos hablábamos mal. Entonces, son todas esas cosas que yo he ido trabajando para no exponer a Elio a esos factores que lo pueden perjudicar el día de mañana.
Los valores que yo le entregaría a mi hijo es la seguridad, es la confianza, el que puede contar con alguien, el que no está solo. Esas cosas son primordiales, en realidad.
¿Y cómo has visto tú el desarrollo de Elio?
Elio es un niño súper feliz. Es un niño súper amoroso, es tierno, se da con la gente, con las personas. Y es un niño muy alegre, lo veo muy mío, es como muy parte de mí, es como todo lo que él refleja es lo que yo le doy. Tenemos un apego muy fuerte. Aparte igual está con su papá, tampoco estoy sola, también mi pareja me acompaña en este proceso, mi mamá, mi otros hijos.
¿Qué ha significado para ti contar con un equipo que te acompaña tanto en tu proceso como en la crianza y estimulación temprana de tu hijo/a?
No, acá yo no tengo nada que decir en realidad, son todos un siete, todos se portan súper bien conmigo, con Elio. No nos falta nada aquí y lo mejor es tener personas que te digan que eres valiosa, ya que en consumo uno no es nada.
Acá estoy feliz, estoy súper contenta porque tengo la oportunidad de estar con mi familia, de recuperar o remendar algunas cosas, porque el tiempo no se recupera, lo que pasó ya pasó, pero sí se puede cambiar. Acá me han enseñado a ser mamá, una buena mamá.
¿Cómo te imaginas tu vida cuando salgas del programa?
Tengo hartos propósitos en realidad en mi vida, que son, por ejemplo, tener mi casa propia. Hoy en día mi pareja está trabajando y el próximo año queremos empezar a arrendar una casa para ya independizarnos los dos nuevamente juntos y cumplir el rol de papás con Elio.
El tiempo que llevo acá he ido poniendo plata en mi cuenta y eso ya está en camino para poder tener un almacén en mi casa. Acá hice un curso que se llamaba emprendimiento social, el cual me va a servir mucho para cuando quiera emprender mi proyecto de almacén. Y ahora estoy haciendo uno que se llama almacenes de Chile. Los dos son certificados y los dos son súper buenos, así que aquí ya estamos terminando el segundo curso y mañana empieza uno que es de manicure y pedicure, que también me va a servir como fuente de ingreso.
¿Y en relación a tus otros hijos, qué esperas?
Como ellos ya están más grandes, tienen su vida, sus proyectos, sus rutinas, entonces no quiero interponerme ni apurar ni forzar una relación. Quiero que se vaya dando de forma natural, respetando sus tiempos y espacios. Por ahora, quiero que simplemente que me vean bien y eso a ellos les va a bastar como para empezar a acercarse a mí de nuevo.
Hoy tengo que hacer las cosas bien con Elio primero, Elio está chiquitito, él me necesita, mis hijos saben que mi hijo me necesita, ellos adoran a su hermano, cuando llego a la casa mi hija lo toma en brazos. Y creo que lo importante con ellos hoy, es reforzar la relación, que sepan que cuentan contigo, que tienen mi cariño.
¿Qué mensaje le darías a otras mamás que hoy tienen miedo de pedir ayuda?
Que venzan el miedo y pidan ayuda, porque sí se puede salir de las drogas, de la calle, de la delincuencia y de todo lo que te puede quitar el consumo, que es perderlo todo, partiendo por la dignidad.
Que no pierdan la esperanza y las ganas de querer tener una vida mejor, de poder entregar una buena vida a los hijos, de no perder más el tiempo, de no sufrir más. Porque sí se puede. Nunca es demasiado tarde.


