LAS NUEVAS DROGAS DE SÍNTESIS NO ESTÁN TIPIFICADAS COMO SUSTANCIAS PROHIBIDAS EN LA LEY 20.000

Las policías pueden incautarlas, pero sus traficantes no reciben condena. En agosto el Instituto de Salud Pública confirmó el ingreso al país de 11 nuevas drogas de síntesis entre marzo y julio. “Estas, tienen un potencial riesgoso no tanto por la adicción, sino sobre todo porque pueden descompensar otros cuadros de salud mental”, detalla el siquiatra Gianni Canepa.

Empezaron circulando en fiestas electrónicas. Hoy, jóvenes entre 20 y 35 años, las consumen a puerta cerrada, en juntas de amigos en casa, celebraciones de cumpleaños o asados dieciocheros. A las ya clásicas X, M y LSD se han sumado una larga lista de drogas sintéticas de nombres raros, como NBOMe. Y han aumentado los reportes de intoxicaciones después de estos carretes de pastillas.

Sábado en la noche. Felipe (24, su nombre ha sido cambiado) y 15 amigos carretean en una casa en la comuna de Las Condes. Los padres del anfitrión no están y se augura una noche larga: la música suena fuerte, hay piscola y los amigos ya sienten los efectos de las pastillas de X, más conocida como éxtasis, una droga sintética. Felipe la probó por primera vez a los 23 y ahora la toma con sus amigos dos veces al mes, porque les asegura, dice, intensa diversión: “Siento mucha felicidad sin perder la lucidez. Me siento eufórico, con ganas de moverme e interactuar con la gente”, describe.

Ese sábado todos tomaron medio o un comprimido de color morado. Salvo Mariano (nombre cambiado), que consumió una pastilla y media y duerme en un sillón. “Notamos que estaba intranquilo: se movía, hablaba y daba vueltas. En un momento pensamos que le podía pasar algo, pero después se calmó. Yo sabía que no estaba ‘derretido’, que es cuando te sobrepasas en el consumo de X y no puedes hilvanar una frase. Nosotros seguimos adelante con el carrete que terminó a las 9 de la mañana”, cuenta Felipe, días después, en una situación muy diferente: está vestido de terno, pues acaba de terminar su jornada laboral en un banco comercial.

Por Santiago, y también en las ciudades más pobladas como Valparaíso, hoy circula una variedad muy grande de drogas de síntesis, como se denomina a las sustancias que no tienen un origen natural, sino que son fabricadas en laboratorios clandestinos a partir de sustancias químicas. Desde el 2014 hasta la fecha han entrado 26 distintas nuevas drogas de síntesis al país desde el extranjero, como NBOMe, dimetilona, butilona, 5F-APINACA y XLR-11, según datos de la Mesa de Nuevas Sustancias Psicoactivas (MNSP), una instancia que lidera el Ministerio del Interior. La mesa ha incluido 131 nuevas drogas sintéticas, la gran mayoría entre 2014 y 2016, al reglamento de la Ley 20.000 para que puedan ser perseguidas penalmente.

A las versiones consideradas a estas alturas clásicas –como X, M, y LSD–, hoy se suman otras de nombres raros como XLR-11, 1M-LSD, 1P-LSD, ETH-LAD, AL-LAD,  U-47700, que fueron detectadas este año. También se las conoce por los sobrenombres que les ponen los usuarios y los dealers, según la experiencia que provocan: malos viajes, muerte gris, manía sicótica, desco-
nexión y modo avión.

El número de dosis incautadas de éxtasis y LSD ha crecido en los últimos años, y la prevalencia de consumo de LSD ha aumentado desde el 2010. “Ambos datos sugieren una mayor demanda por este tipo de drogas. Además, en los últimos 3 años se ha diversificado la incautación de ellas, pasando originalmente desde el éxtasis, LSD y NBOMe, hacia la detección de cannabinoides sintéticos, feniletilaminas, catinonas sintéticas y opioides sintéticos”, explica el subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, quien ha seguido este tema desde la Mesa de Nuevas Sustancias Psicoactivas.

La dosificación es distinta a drogas de mayor consumo –como marihuana y cocaína–, por lo que se necesita poca cantidad para producir los efectos. “La U-47700 –un nuevo opioide sintético de la familia de las benzamidas, que produce analgesia, relajación y efectos eufóricos–, tiene una dosis activa de 10 miligramos, por lo que de 1 gramo se pueden obtener 100 dosis. Es ahí donde reviste un peligro para el consumidor, ya que se puede producir una sobredosis e incluso provocar la muerte”, explica el comisario Patricio Navarro, jefe del Departamento de Investigación de Sustancias Químicas Controladas (Disuq), de la PDI.

Las drogas de síntesis tienen, además, llamativos diseños: estampillas con la cara de Walter White, de la serieBreaking Bad, o pastillas con forma de Minions, Facebook, Instagram, Louis Vuitton, Porsche o Buda.

“Cada dos semanas, aproximadamente, salen nuevos diseños de X. Estoy seguro de que es un tema más bien de marketing: al renovar los ‘monitos’ quieres probar la nueva versión”, agrega Felipe, quien ha tomado éxtasis con diseños de Love, Silver, Porsche y Tesla, entre otros.

Dice que como resguardo y porque se lo han recomendado consumidores experimentados, él y sus amigos prueban las pastillas apenas aparece un nuevo diseño: “Si la pruebas en su periodo de debut es más probable que sea importada de Europa. Después las empiezan a imitar y esas son de peor calidad y pueden ser más peligrosas”.

Felipe tiene un dealer que le avisa cuando tiene nuevas variedades y le relata cómo es la experiencia. “Me dice por ejemplo: ‘tengo un éxtasis que es más parecido a un M: es más tranquilo, más sensorial, sin euforia’”, explica Felipe. “Uno confía en que es así; por eso es importante a quién le compras”.

Históricamente a las drogas sintéticas se las ha asociado a las fiestas electrónicas, pero hoy se ha extendido a un consumo doméstico, de carretes en casa; amigos que se organizan para comprar y consumir, como Felipe. Aunque no hay datos demográficos, los especialistas que tratan estos casos de consumo cuando se vuelve problemático, aseguran que los principales consumidores tienen entre 20 y 35 años. “Se deben dar un par de condiciones que coinciden en este grupo: un perfil alto de búsqueda de la novedad, más común entre los jóvenes, y capacidad de acceso a las sustancias, que implica poder adquisitivo y contactos más adecuados, que requieren algo más de edad. Se consumen habitualmente en fiestas electrónicas, pero también hemos visto personas que las consumen en cualquier reunión o celebración”, dice Roberto Brucher, siquiatra y miembro de la Unidad de Adicciones de la Clínica Las Condes.

El consumo de las drogas de síntesis suele ser recreativo: para celebrar una titulación, para el cumpleaños, para el Año Nuevo. Felipe y sus amigos planean pasar este 18 en la playa, en Algarrobo. Y en la lista de las cosas que compraron incluyeron, además de la carne para el asado, unas dosis de 16 pastillas de X; cada pastilla les costó 10 mil pesos. “Para que sea un 18 inolvidable”, dice.

En agosto el Instituto de Salud Pública confirmó el ingreso al país de 11 nuevas drogas de síntesis entre marzo y julio. En la foto, una estampilla de LSD (la de la bicicleta y la cordillera nevada) y las demás corresponden a NBOMe, una sustancia alucinógena.


20 llamadas

El Centro de Información Toxicológica de la Universidad Católica (Cituc) tiene un servicio tipo call center, que funciona 24 horas, donde orientan de forma gratuita a personas o médicos que llaman desde distintos recintos hospitalarios por intoxicación o exposición a ciertas drogas. Juan Carlos Ríos, director ejecutivo del Cituc, cuenta que antes de 2010 recibían menos de 10 llamadas al año por exposición o riesgo de intoxicación con drogas sintéticas. Pero desde 2015 las llamadas se duplicaron: reciben sobre 20 al año. “Hay un aumento del consumo porque se ha minimizado el perfil de riesgo de la sustancia. Lo novedoso ahora no es fumar marihuana, es tomar una XLR-11. La gente busca la novedad”, señala Ríos.

Del total de llamadas que han recibido entre 2006 y 2016, por drogas sintéticas, la gran mayoría de los casos tenían entre 17 y los 25 años, y de ellos un 60% eran hombres y un 40% mujeres. “La gente debe entender los riesgos. Sabemos poco de ellas, de las dosis tóxicas, en muchos casos se tiene una confianza ciega en un distribuidor. Estas drogas nuevas en la literatura mundial nos advierten de muertes que superan a los riesgos, por ejemplo, de la marihuana; eso debiera preocuparnos. Cuando se le baja el perfil a la toxicidad, la percepción es que puede ser incluso inocua”, afirma.

Existen diversas formas de consumo: se pueden inhalar, inyectar, tomar en un comprimido, disolver en un trago. Un ejemplo es el cannabinoide sintético XLR-11, una droga sintética “mucho más potente que la cannabis y se usa como un polvo que se disuelve en agua. Esa solución se puede agregar en dispositivos tipo cigarrillo electrónico o en algún material vegetal y fumarlo como si fuera un cigarrillo de marihuana”, señala Boris Duffau, jefe de la sección Análisis de Drogas del Instituto de Salud Pública.

Así como la dosis es un tema fundamental, Boris Duffau  explica que también es muy importante quién la está consumiendo: “No es lo mismo una persona que tenga una patología a alguien que está totalmente sano, o una persona que está acostumbrada a alguien que es primerizo. También depende de las expectativas de la persona”. Y agrega: “Estas sustancias no son uniformes entre sí. Una estampilla puede tener 200 microgramos y la de al lado 4.000 microgramos. Es prácticamente una ruleta rusa a quien le toca la dosis tóxica o letal y puede ir a parar al servicio de urgencia”.

Según el Estudio Nacional de Drogas en Población General 2014, de Senda, un 1,1% de la población del país había consumido algún tipo de drogas sintéticas alguna vez en ese año, correspondiente a 108.344 personas. Lideró la marihuana sintética, seguido del LSD, y también figuró en la lista el éxtasis (MDMA), metanfetamina, polvo de ángel, 25B-NBOMe o 25C-NBOMe, poppers, ketamina, mefedrona y metilona. Estas dos últimas corresponden a las familias de las catinonas sintéticas. El mismo estudio reveló que el 2,39% había consumido drogas sintéticas al menos alguna vez en la vida, lo que representa 235.357 personas. En este último recuento destacó la marihuana sintética y en segundo lugar el LSD. Senda trabaja es una nueva versión de este estudio que arrojará cifras actualizadas sobre el consumo de drogas sintéticas en el país.

Selva Careaga, jefa del área de prevención del Senda, explica que  25B-NBOMe o 25C-NBOMe son sustancias alucinógenas, de la familia de los derivados sintéticos de la feniletilamina. “Tienen una potencia varias veces mayor a alucinógenos como el LSD, por lo que basta una baja dosis de esta droga para lograr el efecto deseado. Entre los efectos, se encuentran descritos la paranoia, agresividad, el pánico y convulsiones”, explica.

Crisis de pánico

En Nevería, un centro especializado en el tratamiento de adicciones en Santiago, cuentan cinco pacientes, en los últimos 12 meses, que han consultado exclusivamente por drogas de síntesis o bien asociadas al consumo de otras drogas, entre todos los especialistas que atienden ahí. “Han llegado pacientes que consultan porque tienen episodios de crisis de pánico, cuadros sicóticos, como paranoide, o angustia, pero que no lo asocian al consumo de drogas sintéticas. Estas tienen un potencial riesgoso no tanto por la adicción, sino sobre todo porque pueden descompensar otros cuadros de salud mental”, detalla el siquiatra Gianni Canepa. Uno de esos casos fue el de Matías (45, su nombre ha sido cambiado), un ingeniero que había sido adicto a la cocaína. “Hace unos 4 meses comenzó a frecuentar fiestas electrónicas con un grupo de amigos y ahí empezó a consumir éxtasis y M, además de LSD. Primero fue ocasional y luego todos los fines de semana. Cuando consultó había mezclado éxtasis con ketamina. Relataba haber tenido un efecto muy fuerte, euforizante y después con apagón de tele (blackout). Al día siguiente despertó en su dormitorio muy angustiado, con amnesia lacunar de lo sucedido la noche anterior, taquicardia y sensación de ahogo. En la tarde de ese día acudió a un servicio de urgencia, donde le diagnosticaron trastorno de pánico y le dieron medicación ansiolítica de urgencia”, relata Canepa. A la semana siguiente fue a su consulta: no era dependiente a las drogas sintéticas pero sí presentaba un trastorno de pánico por abuso de la sustancia.

Vanessa Cantillano, siquiatra de la Clínica Alemana, cuenta que ha habido casos de consultas en el servicio de urgencia de la clínica por cuadros asociados al uso de drogas sintéticas. “En muchos casos es posible que se sospeche, aunque no se logre identificar las sustancias en los test habituales de pesquisa de drogas de abuso”. El protocolo cuando llega un paciente intoxicado a la urgencia es evaluar el compromiso de conciencia, realizar un estudio de laboratorio e imagen cerebral y luego una evaluación de un neurólogo.

Como las drogas de síntesis corresponden farmacológicamente a distintos grupos, los efectos y toxicidades son muy diferentes también, acota. “Hoy la impresión es que los riesgos más importantes son por una posible intoxicación, más que adicción (…). Incluso en bajas dosis, estas sustancias pueden producir cuadros médicos graves que pueden ser fatales debido a una falla cardiaca (cardiotoxicidad), renal o hepática por toxicidad de la sustancia, generando crisis convulsiva o paro cardiorrespiratorio”.

El lado oscuro de M

Jorge (30) y Mario (29) –sus nombres reales fueron cambiados– son amigos, trabajan como encargado de finanzas en una empresa de computación y como profesor, respectivamente, y han probado drogas de síntesis juntos. Jorge tiene experiencia con LSD y M, y vomita cada vez que consume, algo que puede suceder en el caso del éxtasis en estado puro, pero que no impide continuar con la fiesta. Mario toma M cada cinco meses y su primera vez fue en 2012, en Berlín. Tardó 40 minutos en hacerle efecto. “Todo era agradable. Hablaba con la gente con más profundidad y tenía más capacidad de escuchar”, recuerda. Estaba en un club electrónico y bailó, sin parar, hasta las 11 de la mañana. “Tomé mucha agua porque sentía mucho calor”, dice. Y es que entre los efectos del M y del éxtasis están la elevación marcada en la temperatura corporal (hipertermia) y la deshidratación.

Su segunda vez fue en 2016, en una junta en su casa y ahí sintió el “bajón” postconsumo: “Estás tan arriba la noche anterior, que al día siguiente me sentía cansado y nostálgico”. La última fue en este Año Nuevo, en una fiesta en Isla de Maipo, cuando tomó tres veces porque no notó cambios rápidos y pensó que no le había hecho efecto. “De repente me sentí mal, sudaba helado y estaba mareado. Me sentí muy atrapado”, cuenta. Salió al patio de la casa y tomó aire. Pasados 20 minutos, logró calmarse. Cuando se encontró con sus amigos en la fiesta les dijo que había conocido “el lado oscuro del M”. Lo ayudó fumar marihuana, asegura, porque desinhibe el efecto del M, algo que había visto en un club en Berlín. “Es súper importante conocer tu cuerpo al consumir este tipo de drogas”, advierte.

Hoy, sentados en un café en la comuna de Las Condes, los amigos insisten en que es clave informarse. “La gente se lo toma a la ligera. La gracia es que en nuestro grupo todos leemos y conversamos para estar al tanto y prevenir efectos secundarios o saber cuánto hay que consumir”, agrega Mario. Jorge revisa páginas especializadas como universodelasdrogas.org. Cuando hacen una junta para tomar M, es con personas que vayan a consumir también.

“Sabemos los riesgos que tienen y que no todas las drogas van a ser para todas las personas. Hay gente que si toma LSD le va a dar una crisis de pánico; eso está documentado. Si me siento depresivo o no estoy bien, no voy a consumir ninguna, porque no voy a estar con la predisposición necesaria para tener un buen viaje”, afirma Jorge. Al día siguiente de consumir hay una señal que suele presentarse: la mandíbula apretada. Esto porque el consumo de M y también de LSD genera bruxismo.

El 5 de septiembre el equipo de drogas de Aduanas, que está en la zona postal del Aeropuerto de Santiago, detectó un sobre proveniente de Norteamérica con destino a la V Región, que traía estampillas de LSD. Venía junto a otros sobres de distintos tamaños, en una bolsa que pesaba cuatro kilos.

Exclusivo Paula.cl

Incautaciones en el aeropuerto

La tendencia es que, desde 2013 a la fecha, las incautaciones de drogas sintéticas vienen creciendo en Chile. Y de forma importante. Los números de la Mesa de Nuevas Sustancias Psicoactivas –que incluyen las incautaciones de Aduanas y de la PDI–, así lo muestran: de 31.705 dosis en 2014, se saltó a 77.920 al año siguiente. En 2016, en tanto, llegó a 138.315. La mesa no tiene cifras de este año porque las informa anualmente, pero la PDI ya habla de 189.175 dosis al 30 de junio.

“Esta tendencia replica lo que sucede en Europa y en los países desarrollados, donde la aparición de este tipo de estupefacientes ocurrió varios años antes que en Chile y la incorporación de nuevas drogas o aumento en las incautaciones ha ido en aumento”, explica el comisario Patricio Navarro, jefe del Departamento de Investigación de Sustancias Químicas Controladas de la PDI.

Gran parte de las incautaciones se ha dado en controles fronterizos, principalmente en el Aeropuerto de Santiago, con drogas que tienen como destino la Región Metropolitana y la V Región. Cuando Aduanas detecta algo en este aeropuerto, incauta la droga y avisa al Ministerio Público, que ordena el procedimiento a las policías –Carabineros o PDI–, que en esta etapa comienzan con la investigación si el caso lo amerita. En el Aeropuerto de Santiago habitualmente lo toma la PDI.

Javier Uribe, subdirector nacional de fiscalización de Aduanas, explica que han notado intentos de ingreso de drogas sintéticas en aumento en los últimos años. “Trabajamos con canes detectores y tecnología que permiten identificar este tipo de drogas (…). Algunas composiciones nos ayudan a detectar sustancias irregulares, aun cuando la droga no esté identificada”. Un ejemplo de esta tecnología es un analizador portátil –similar a un visor de una cámara de fotos– que describe los componentes químicos del polvo, estampilla o pastilla.

Uno de esos hallazgos ocurrió la madrugada del 5 de septiembre, cuando el equipo de drogas de Aduanas, que está en la zona postal del Aeropuerto de Santiago, detectó un sobre proveniente de Norteamérica con destino a la V Región, que traía estampillas de LSD. Venía junto a otros sobres de distintos tamaños, en una bolsa que pesaba cuatro kilos. Cuando dieron con él, y para confirmar la sospecha, aplicaron un “narcotest”, que consiste en poner una parte de la estampilla en un frasco con un líquido transparente. El cartón cambió de color y el resultado correspondió a LSD, por el tipo de tono que entregó.

La variabilidad de estas sustancias es uno de los temas que preocupa: en agosto, el Instituto de Salud Pública (ISP) dio a conocer el ingreso de 11 nuevas drogas de síntesis entre marzo y julio, llegando a 13 hallazgos en lo que va del año. Las clasificó en cuatro familias de drogas: APB, que son alucinógenos y potentes estimulantes; los derivados sintéticos del LSD, muchos más potentes y estimulantes que estos; el cannabinoide sintético; y los derivados de narcóticos mayores, como los derivados de la ketamina y fenciclidina.

En algunos casos son derivados sintéticos más potentes del LSD o la marihuana, y se logran cambiando una parte de la molécula original o diseñando una fórmula que se parece a esta. El resultado de este trabajo de laboratorio son nuevas drogas de síntesis que no están tipificadas ni figuran en el catálogo de sustancias prohibidas en la Ley 20.000. Las policías pueden incautarlas pero sus traficantes no reciben condena. Aun así, dentro de Latinoamérica, Chile es el país que menos demora en incorporar una nueva droga sintética a su legislación: en febrero de 2015, por ejemplo, se incautó la 5F-APINACA, un cannabinoide sintético. El ISP confirmó el análisis y el Ministerio del Interior la incorporó a la ley en septiembre de ese año.

Leer artículo en Revista Paula